miércoles, 25 de mayo de 2011

cuento "Marido de alquiler"


Maricela Martínez 9


La casa en Las Colinas del Río, con un hermoso

jardín, un patio grande y techo de tejas, era el sueño

de Horacio y Emma. La pareja había invertido los

ahorros de toda su vida para hacer este sueño

realidad. La joven estaba cansada de que su marido

trabajara duro, prácticamente para pagar el alquiler

de su apartamento.

Cuando abrieron la puerta de su nuevo hogar, ella

se adelantó a la sala y sus rodillas se doblaron ante

el brillo del mosaico que la hacía sentir como si

caminara sobre las nubes. Sus ojos pequeños de

color azabache se alzaron hacia el cielo y en sus

labios delgados se dibujó una dulce sonrisa.

—Gracias, Padre Celestial, por fin no más alquiler

—exclamó Emma con un largo suspiro.

Desde la entrada, Horacio observaba incrédulo la

amplia sala escasamente amueblada; no por falta

de gusto, sino porque habían invertido todos sus

recursos en la compra de la casa. Antes de recibir

la llave de nuevo hogar, visitaron varias mueblerías

y en una de ellas encontraron los muebles perfectos

para cada una de las habitaciones. Acordaron pagar

una cuota semanalmente, hasta completar el monto

total. Luego de esto podrían retirar su mercancía.

Esta situación habría preocupado a Horacio si aún

hubieran vivido en alquiler. Pero el hecho de saber

que tenía un buen trabajo, aunque no tenían lujos,

le daba seguridad de que pronto esas limitaciones

serian cosa del pasado. Su corazón bailaba de

satisfacción por haber podido cumplir la promesa
10 Marido de alquiler Maricela Martínez 11

que le hizo a Emma el año pasado en la celebración

de su quinto aniversario de bodas.

Su primer amanecer en la nueva casa los recibió

con un sol violento que penetró sin avisar a su

dormitorio, cargando de energía los cuerpos de los

esposos. Era Domingo de Ramos; acostumbraban

ir a la iglesia este día, pero decidieron quedarse en

casa para darle calor a su hogar y poner las cosas

en orden.

—Perdónanos,
Señor, por no visitar tu casa en un

día tan especial como el de hoy; pero te invitamos

a la nuestra
, que es también tuya —dijo ella con

devoción.

El lunes amaneció lluvioso, Emma agradeció que

aún le quedaran algunos días de vacaciones, pero

su esposo tuvo que auxiliarse de un paraguas para

llegar al auto. Lo hizo casi corriendo para evitar que

la llovizna empapara su traje. Tal parecía que ni la

inclemencia del tiempo ni el paraguas
fueran

obstáculo para que la vecina del frente quedara

impresionada con su elegancia. Horacio trabajaba

como representante de ventas de una prestigiosa

empresa, lo cual le exigía andar bien vestido. No

requería de mucho esfuerzo para lograrlo, debido

a que sus seis pies de estatura y cuerpo atlético le

conferían una elegancia natural.

—¡Qué muñecote! –exclamó Alicia desde la ventana

de su cuarto, donde se había parado minutos antes

para ver la lluvia caer.

La imagen de Horacio se quedó grabada en la

memoria de la vecina, de unos veinte y cinco años

de edad, quien vivía con su esposo de sesenta, al

cual casi no veía debido a sus compromisos de

trabajo. Alicia pasó todo el día asomándose a la

ventana y esperando el regreso de su nuevo vecino.

Al final del día, Alicia escuchó el sonido de un

vehículo acercarse y corrió a la ventana. Desde ahí,

vio los árboles sacudirse como un perro tratando

de despojarse de la última gota de agua después

de un baño; escuchó a un ruiseñor salir apresurado

de la casa que había construido previo a la lluvia

en el tronco de un árbol y
, luego, observó la varonil

figura de quien le había robado la tranquilidad.

Desde que vio a Horacio
esa mañana, no había

dejado de pensar en él ni un solo instante y,

siguiendo un impulso, decidió ir a saludarlo, pero

en ese momento vio a Emma salir a recibirlo y se

detuvo. Un gesto despectivo se dibujó en su cara y

no pudo controlar su sorpresa. “¡Qué tipa tan

dichosa! ¿Cómo ese pedacito de mujer pudo

conseguirse un tipazo así?” –pensó Alicia en voz

alta.

Alicia era una mujer muy bella y ambiciosa, una

tentación para cualquier hombre. Tenía una mirada

pícara, con la cual conquistó al millonario que la

había llenado de lujos en los últimos dos años.

Aunque lamentablemente, todo el dinero de este

empresario viudo con dos hijas casi de la misma
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edad de ella, no había logrado llenar el vacío que

llevaba esta joven mujer en su alma, al menos la

hacía sentir importante.

Los días transcurrían sin novedad, Alicia disponía

de todo su tiempo y la mayoría de las veces no

sabia qué hacer con él. La lectura, para ella, era

como un sedante, las
óperas le parecían aburridas

y los museos le producían agotamiento.

En fin, su educación se detuvo cuando aún era una

adolescente; solo le interesaban las tiendas y los

viajes, pero viajar sin la compañía de su esposo

era imposible. Todos los días, la despreocupada

joven se levantaba temprano y se paraba frente a

la ventana detrás de la cortina hasta ver salir a

Horacio. En las tardes repetía la misma acción,

siempre de incógnito. La sensación que le producía

ver a su vecino no la compensaba todo el lujo que

su esposo le brindaba.

En los últimos días, aunque Alicia no dejaba de

realizar su ritual diario, por alguna razón que

desconocía, no había logrado ver al galán de sus

sueños. Ella permanecía largas horas en la ventana

y solo veía las nubes estáticas, a veces de un gris

plateado y a veces un gris casi negro; los árboles

quietos como si estuvieran dormidos, y el sol, con

una profunda pereza, apenas se dejaba ver. Esta

situación se había convertido en un tormento para

ella.

Una mañana mientras esperaba tras la cortina la

aparición de su amor platónico, notó que el sol

parecía más animado y la brisa fresca golpeaba

suavemente sus mejillas, como avisándole de algún

acontecimiento importante. Vio abrirse la puerta de

la casa de en frente y su corazón se contrajo, sus

ojos se iluminaron como dos candelabros

navideños. Estaba segura que
él aparecería en

cualquier momento. La luz de sus ojos se apagó de

repente al ver a Emma en su lugar cargando un

objeto rectangular que llamó su atención. Emma

colocó el objeto en el jardín y Alicia se percató de

que era un letrero, escrito en letras grandes, que

decía: MARIDO DE ALQUILER.

Los ojos de la joven se abrieron como dos lunas

llenas; miles de inquietudes invadieron su mente

como un ejército aguerrido. Se preguntaba sin

encontrar respuesta:

—¿Será que los vecinos no son tan moralistas

como aparentan? ¿O estarán pasando por una

situación económica tan difícil como para llegar a

la prostitución? Bueno, sea lo que sea, esta puede

ser mi oportunidad para apagar este fuego que me

está consumiendo.

CONTINUARA

Portada de Libro de Cuentos

domingo, 22 de mayo de 2011

POEMA

Amor Ciego
unas manos temblorosas
un deseo incontrolable
unos ojos brillando como el sol
una mirada transparente
un dialogo sin palabras
un dolor agradable
una espera desesperada
un fuego enternecedor
Una punzada dulce
un corazón ardiente
una melodía representada
una belleza desnuda
una ansiedad constante
 un antojo de tu aliento
una sensación de felicidad,
 así es mi amor por ti

BIENVENIDOS

Bienvenidos a  mi blog.

Hoy es un día maravilloso.  Disfrutalo al máximo como si fuera el último.

Si aún no sabes tu misión en la vida, busca un sueño que haga vibrar tu corazón y persíguelo hasta lograrlo.

Maricela Martínez